Alrededor de los 6 meses de edad los niños y niñas empiezan a desarrollar las extremidades interiores hasta caminar. Caminar es para ellos un segundo nacimiento. Algunos objetos como por ejemplo: la barra, taburete, vagonetas para empujar… les dan la posibilidad de desarrollar su motricidad gruesa.
El adulto ayuda indirectamente por medio del ambiente, para que los infantes puedan moverse libremente. Esto les da seguridad y les permite descubrir que el cuerpo se mueve según su voluntad.
Maria Montessori decía: «El ser humano necesita construirse y, al final, poseerse y dirigirse. Por esta razón, vemos que el niño o niña está en movimiento continuo, porque tiene que desarrollar la relación entre la acción y espíritu; mientras que el movimiento del adulto es motivado por el pensamiento, el del infante viene impulsado para construir una unidad entre pensamiento y acción. Ésta es la llave de la personalidad en el proceso de desarrollo».
Las personas adultas tienen que ofrecer a las criaturas los soportes necesarios para que puedan moverse (por ejemplo, ponerle puntos de apoyo), darles la ropa adecuada para facilitar sus movimientos de gateo, no interrumpirlos…
Es muy importante que los movimientos los hagan sin ayuda para desarrollar sus músculos, tener más experiencias e información. Por consecuencia, podrán descubrir que lo pueden hacer solos.

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